Te Cuento Que

Mención obtenida en el concurso del 2011


Por sus rastas vi trepar una araña. Soplé su pelo y me miró desconfiada. Señalé su cabellera. ¿Te gusta? me preguntó. Sonriendo le dije sí, pero más sin la araña.



Primer premio obtenido en el concurso del 2012



La revolución es otra cosa le dijo la muñeca de trapos al soldado de plomo. Y así comenzó a deshilacharse para que todos los juguetes fugaran trepando por ella.



Menciones obtenida en el concurso del 2012



Siempre había querido saber que pasa adentro de los cables. Abrí uno y me metí. Consejo: no lo hagan. Les escribo desde acá, pero sigo perdido. Mamá, te extraño.



Agenda electrónica de Dios. Recordatorio 21/12/12: “Volver”. Batería baja, se apagará el dispositivo. Titulares del 22/12/12: “Presagio Maya fue solo un fraude”.



Estos son los otros cuentos que envié al concurso en esos dos años.


Me acosté y en una hora ya estaba cenando. Miré tele y volví al laburo. Me pelee con mi jefa y me fui a almorzar. Desayuné, dije buen día y me levanté, de nuevo.

Me senté en el banco de más atrás. Mi timidez me juzgaba en público. Llegó la maestra, se sentó en su pupitre y comencé a darle clases. El tema del día: empatía.

Aquella ola era tan grande, tan azul, tan perfecta que en vez de una piscina para guardarla en mi castillo, necesité un cuadro para regalársela a la eternidad.

Cada vez que veo un taxi en un día de lluvia me acuerdo de ella. Cuando la dejé estaba tan hermosa, tan llena de vida… ¡y de aguinaldo! Como te extraño riñonera.

Dicen que la curiosidad mató al gato. ¡Ilusos! ¿No conocen al cazacuriosos? Yo lo escucho nombrar a cada rato, es más, creo que todos tienen uno. ¡Fue su culpa!

El faro en la orilla de un extinto mar aun emite su parpadeo. Ya no guía corazones ansiosos en barcos; guía almas sedientas en tierra con la esperanza intacta.

¡La cara bonita! exclamó Narciso al llegar al lago. Cada vez está mas linda. Se merece un beso. Y así, Oscar despertó esa mañana con el Toby lamiéndole la cara

Yo buscaba algo para leer perdido entre tapas duras y colores. Un libro sobresalía del resto, inquieto, muy seguro. El título se me hizo irresistible. “No leer”.

Una escalera mal usada puede elevarnos unos metros. Una escalera bien usada, subirnos a la cima. Una escalera mejor usada, ser puente y acercarnos a ti y a mí.

Un día me encontré con Desinterés. Tomé coraje y le pregunté de frente ¿Por qué nadie te importa? Su respuesta fue irónica y apática: Mi arancel es muy alto.

Ayer arrestaron al viento por exceso de velocidad. Iba yendo a apagar un incendio pero no lo dejaron soplar su explicación. Ya no vuelan bolsas por estos lados.

La revolución es otra cosa le dijo la muñeca de trapos al soldado de plomo. Y así comenzó a deshilacharse para que todos los juguetes fugaran trepando por ella

Cuenta la leyenda que una araña tejió la tela más grande para que todos quedaran pegados. No les hizo nada, pero les enseño una gran lección “por si las moscas”.

Siempre había querido saber que pasa adentro de los cables. Abrí uno y me metí. Consejo: no lo hagan. Les escribo desde acá, pero sigo perdido. Mamá, te extraño.

Cansada de ser mordida y usada solo para cubrir la lapicera, me revelé y me abrí. Ella se secó pero terminamos juntas en la basura. Ahí comenzó nuestra amistad.

En la primera vuelta llegué a Cuba. Di otra y aparecí en Miami. Una tercera me llevó a París. Otro giro y volví a mi casa. ¡Que maravilla esta puerta giratoria!

Esa ventana separaba dos mundos. No solo afuera y adentro, luz y oscuridad, sino realidad y fantasía. Nunca pude ver del otro lado, pero todos le llamaban tele.

El ómnibus no se detuvo pero su corazón si. Cuando llegó no dudo en cambiar una vida de rezos por un auto con aire. El calor puede ser insoportable acá abajo.

Un ángel encontré hoy cuando destape un yogur. ¡Casi me lo como! Pensé que era el colchón de frutas pero enseguida se subió a la cuchara y quedó ahí, acurrucado.

Ayer encontré al ratón de mi computadora comiendo el cable que lo ataba a la torre. Me dio lástima y lo dejé libre. Ahora tengo uno inalámbrico, pero adiestrado.

Ellos creen pero nosotros sabemos. Ahora mandaron otro, Curiosity le pusieron. Está bien, son tercos y buscan. Pero, lo que necesitan, ¿lo pueden encontrar acá?

Se abrió y las palabras salieron disparadas. Eran miles. Algunos las gritaron y malgastaron. Varios las usamos para escribir, por ejemplo, estos 160 caracteres.

“Carlos Gardel quiere ser tu amigo”. Rada no daba crédito. ¡La pucha con la tecnología! Julieta, vení, trae una copa y un abecedario, el mago quiere decirnos algo.

Sin querer llegué al final de la escollera. Había caminado por media hora llevando solo una bolsa con mis pocas ropas. El mar la devoró. ¡Borrón y cuenta nueva!

Una imagen vale más que mil palabras. Cuando me recibí de doctora la alegría me salía por los poros. Mi sonrisa gigante, mi cara redonda. Una felicidad así :D

Cuenta la leyenda que los planetas fueron bolitas con las que los Dioses jugaban y la vía láctea era la tronera. Por suerte después se compraron computadora.

En el cuento de caperucita roja pasaron 50 años; ya tiene 103 páginas y la abuela es ella. Ahora el lobo nieto persigue a caperucita verde, esperando que madure.

La muela del juicio dejó caer once dientes de leche y el Ratón Pérez financió los aparatos. Los dientes quedaron derechos. Suspiró feliz, salió y se dejó operar.

El microondas sonó cuatro veces y el cucú salió volando. ¡Estaba del otro lado del espejo! Demoré en entender que de noche el ventilador había empujado mi alma.

Quedaban tres en la mesa. Cada uno miraba su mano y pensaba. Nerviosos, todos esperaban lo mismo, aunque solo uno podía ganar. El grito resonó en eco: ¡Chancho!

Agenda electrónica de Dios. Recordatorio 21/12/12: “Volver”. Batería baja, se apagará el dispositivo. Titulares del 22/12/12: “Presagio Maya fue solo un fraude”.

¡Abracadabra! Mis dedos se convirtieron en llaves para abrir mil puertas. Pero apareció la pantalla táctil y quedé encerrado del lado de afuera de la tecnología.

Cuando me di cuenta que la censura no era prohibirle a un individuo expresarse, sino no enseñarle a pensar, dejé de mirar televisión y empecé a leer libros.

Soy del tiempo en que las XO sustituyeron las charlas de recreos. Ojalá les hubieran dado más libros y menos acceso a internet. Ahora ya es tarde, estamos solos.

Ayer Ramón aprendió a predecir el futuro y cuando vino me contó que este cuento iba a quedar registrado con el número 3578. ¡Es creer o reventar!

Twitter se hizo una página de Facebook y pudo subir fotos con etiquetas. Facebook se hizo una cuenta de Twitter y pudo decir todo lo que había callado.

Hace 3 días aprendí a gatear, antes de ayer terminé el liceo. Ayer me casé y hoy nació mi tercer hijo. Para ser un viejo de 93 años mi memoria no anda nada mal.

Cuando de las ramas de los árboles dejaron de crecer hojas, nos quedamos sin oxígeno. Aprendimos a vivir sin respirar. Fue entonces cuando los peces reinaron.

Eran tres y venían volando. El del medio tenía las alas mas largas. Los otros dos no se despegaron ni para arremeter contra el elefante. ¡Qué gesto de lealtad!

Allá ellos dijo, más por miedo que por indiferencia. Quiso decir que a ese lugar pertenecían ellos, bajo el puente o en la cárcel. Allá ellos, lejos repitió.

Subió con un pan al bondi y pretendió tocar la flauta. Todos aplaudieron. Varios hasta le dieron monedas. Agradecido lo repartió y en cada trozo regaló una nota.

Me hundí en un colchón de nubes verdes y caí lento, sin parar por horas. Me detuvo el duro piso de la realidad cuando desperté. Ahí juré nunca mas tomar absenta.

Saqué la lengua y la vi reflejada en la vidriera. Era más larga, más gruesa. Se ve que mi reflejo me devuelve todo potenciado. ¿Pasará lo mismo con mi belleza?

¡Ah picaflor! Me contó un humanito que te vio a los piquitos debajo de la pitanga con la paloma del jacarandá. ¡Van volando! ¿Hacen nido juntos o rancho aparte?

Las gotas contra la ventana eran el único sonido que se escuchaba. Ni viento, ni rayos. Cuando salí el sol dilató mis pupilas. Aun llovía pero solo dentro de mi.

Tras las cortinas se esconden ojos que nunca nadie vio. Preguntan con su mirada pero no tienen respuestas. Ignorados, aun esperan que se eleve ese telón privado.

Tenía dos caminos y elegí el que tenía más pozos. La lluvia los había llenado y por eso me hundí en la primera laguna que crucé. Shangrilá-China en dos segundos.

Nevaba en el medio de la plaza en un espectáculo privado para Artigas. A media noche apareció el cuidador. El prócer se sacudió la nieve y volvió a su caballo.

La peonada a caballo clamaba por el Rey vencedor que festejaba con su Reina en las dos torres. El alfil rajó por la tangente y así di por finalizada la partida.

Cada dos hormigas, del hormiguero salía un cascarudo o una mariposa. Cuando se lo pregunté a la Reina me dijo que no eran más que disfraces. ¡Estaban en carnaval!

Un cartel que nunca existió fue arrasado por un viento que nunca sopló en una ciudad sin habitantes. Sus letras, sin embargo, siguen allí rezando “Imagíname”.

Abrí la ducha y las gotas quedaron suspendidas en el aire. ¿Estaría aun meditando? pensé y abrí los ojos. ¡Que sensación relajante! La que flotaba era yo.

Huyendo salté de un balcón a otro y vi mi vida pasar en fotos. No sentí miedo. Primero porque había vivido todos mis sueños y segundo porque era un primer piso.

Las teclas de mi laptop se revelaron y cambiaron de lugar. Fui a ver a un especialista seguro de que me estaba volviendo loco. Me diagnosticó dislexia informática.

Y así llegó, soplando como el lobo, arrasándonos como si fuéramos la casita de paja, pero nos unió. Ese día fuimos un poco menos yo, y un poco mas nosotros.

Una nube me preguntó si quería que lloviera. Pensé en decir no pero, ¿y si causaba sequías? Si decía que sí podía traer inundaciones. No tuve opción, grité ¡Paso!

El fuerte viento trajo a mi puerta el paraguas de Mary Poppins. Salté y comencé a volar pero sin saber hacia donde. En la etiqueta pude leer: “GPS no incluido”.

Las luces del estadio dijo Papá—, como la canción. Yo no entendí, pero seguí pateando la latita, apuntando a la blanca claridad, imaginándome que le hacía un gol.

Nunca había subido tan alto en el ascensor de la intendencia.  ¡No veía nada! Se abrieron las puertas y probé una nube de vainilla. Brindé con Dios y apreté PB.

Por el teléfono salía el agua que no salía de la ducha, porque allí salían palabras rojas y azules. Desde ese día me ducho en el living y hablo desde el baño.

El niño se puso el cono naranja en la cabeza y ambos hombres rieron. Olvidaron el incidente, la multa se rompió y por un rato los tres payasos jugaron juntos.

La miré fijo a los ojos pero como yo no era oculista solo pude ver su alma y alguna de sus vidas pasadas. Creo que tenía miopía pero no estoy tan seguro.

Cuando pasó la aspiradora por debajo de la cama sintió un ruido extraño, había aspirado algo grande que se movía. Era el fantasma. Se había mudado del placard.

Encontró en el suelo un encendedor dorado. Enseguida pensó en venderlo. Lo levantó y lo probó. ¡Le explotó en la cara! No es de extrañarse, era marca Acme.

Abrí la puerta y sentí la moquette hecha un colchón de agua. ¡El apartamento estaba inundado! Me detuve y miré alrededor. Suspiré y me fui. Esa no era mi casa.

Qué nostalgia me da el viejo ombú. Incontables veces lo trepé y me vio caer. ¡Hasta marcas con mis iniciales le deje! Ayer, con tristeza lo vi caer, humillado.

El dulce olor de la tribuna inundaba el ambiente, viajando por el aire con el flamear de las banderas. Un gol en la hora y todo fue perfecto. Creo que ganamos.

Escuché la explosión y luego el silencio. Un auto ruedas para arriba sobre el techo de otro, estacionado. Desde la alta grúa Raul pedía disculpas. ¡Mala mía!

Cundo lo vi me quede maravillada. ¡No pude pensar en otra cosa! Seguí yendo varios días para verlo y siempre estaba ahí. Hoy lo compré. ¡Es el anillo más hermoso!

La lluvia me encontró sin paraguas resguardado en la parada llegando tarde de nuevo. El auto de mi ex paro frente a mí. Sonreí. La necesidad y su cara de hereje.

Pedro, mi astrólogo, me había prevenido. Iba a ser una semana de mucho cambio. Y fue el sábado. Pagué $8 con un billete de $200 y me devolvieron solo monedas.

Ayer me crucé con Robin Hood, se mudó al Parque Rodo. Enseña tiro al blanco, aunque su puntería no es la misma. Donde pone el ojo pone la flecha, a tres metros.

Se sentaron a la mesa tres amigos. Era el día D, habían dilatado mucho la decisión. Por horas los argumentos fueron el plato principal. De postre un pálido “Sí”

Cuando entré al salón el pizarrón estaba lleno de fórmulas. Me ganó el miedo, había logaritmos, derivadas, integrales. Yo había estudiado mucho, pero historia.

¡Todavía falta mucho! dijo al recibir el regalo. En un estuche dorado un reloj con agujas girando en sentido anti horario. Marcaba 54 años, 8 días y 3 horas.

El día que llovieron pedacitos de nubes descubrimos de qué estaban hechas, y no era de algodón. Ahora, como todos tenemos uno, los rayos de sol están en alza.

Y venía Don Quijote espada en mano, a arremeter contra los molinos. Uno de ellos gritó ¡Nos rendimos! Sancho, vamos a Uruguay, ahí hasta los molinos la pelean.

Prendí la tele y me vi mirando tele. Era la película de mi vida, ¡y se podía adelantar! Avancé hasta el final. Ahora solo vivo para intentar que sea diferente.

El sauce peleaba contra el viento por no perder hojas. Detrás un velero luchaba por mantener el equilibrio. Yo, por no perder mi paraguas. Solo el sauce venció.

Somos lo que comemos dijo la rana. Para vos es fácil decirlo respondió la mosca. Intenté hacerte un último cumplido retrucó la rana, antes de estirar su pegajosa lengua.

Con decepción, pero seguro, salté del último vagón; mis suspiros, como el humo de tu locomotora, se perdieron en el viento. Próxima estación...¿Alquimia?

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