La venganza del Rey del Rey

A pocos meses de haber sido construida, fue el hogar de una de las familias más adineradas de la ciudad, quienes no escatimaron en gastos en la inversión de su nueva casa. La abandonaron diez años después cuando se mudaron al exterior, dejándola deshabitada por tres años. Fue comprada y habitada por una pareja alemana, quienes seis años después de tener su primer hijo, la vendieron. La casa permaneció vacía varios años hasta que un solitario mercader, vendedor viajante entre ciudades, la compró, haciéndola su hogar hasta el día de su muerte, cincuenta y siete años más tarde. El hombre no tuvo descendencia, pero en su testamento la dejó de legado al hijo de su mejor amigo; el joven nuevo dueño se mudó al mes siguiente con su hijo de nueve años y su esposa, de treinta y dos. Un año y medio después fue internado en un nosocomio psiquiátrico, habiendo tenido que padecer en ese período la muerte por causas indeterminadas de su hijo y de su esposa en similares condiciones. 
El sol brillaba en la mañana. Sergio Apesteguía, un hombre de ciencias de solo veintiocho años, salía de su casa acompañado de Clara Funes, su prometida. Habían coordinado con la inmobiliaria «Los robles» para conocer esa mañana una de las casas más prometedoras del exclusivo barrio «Focal».
Cuando la pareja vio por primera vez la foto de la casa en la página Web de la inmobiliaria no sintió mayor interés. Fue el precio lo que los llevó a solicitar más detalles. Aunque no muy convencida, Clara, diseñadora de interiores y familiarizada con el negocio inmobiliario accedió a conocerla. Así la mañana de ese sábado subieron a su Toyota Corola del 2009 y se dirigieron a la inmobiliaria.
 Al llegar, los recibió una joven con un hablar elocuente.
Buen día dijo la chica y les extendió su mano. Soy Florencia, ustedes deben ser Sergio y Clara, ¿verdad?
Buen día respondieron al mismo tiempo los jóvenes. Exactamente continuo él, somos nosotros y vinimos a levantar la llave de la casa de dos pisos de la calle diecinueve. 
Los estaba esperando se apresuró Florencia. Acá está, la había dejado apartada. ¿Saben cómo llegar? preguntó finalmente.
Sí, ayer pasamos por el frente para ver la fachada exterior. Clara estaba preocupada por el aspecto pero pasó la prueba. 
Los tres sonrieron
Perfecto. Cuando terminen de verla me llaman por si tienen alguna duda o directamente pasan por acá. Como les dije por teléfono no los puedo acompañar hoy porque estoy sola en la agencia. Pero ya saben, cualquier duda me llaman –finalizó, al tiempo que les entregaba dos juegos de llaves y una tarjeta personal.
El diálogo fue breve, en menos de cinco minutos la pareja ya estaba de nuevo en la ruta a conocer su posible nuevo hogar. La antigua calle diecinueve del barrio Focal tenía en la casa de dos plantas su punto más llamativo. Con un frente amplio de casi quince metros, la fachada exterior se erguía con paredes blancas, decorada con tres filas de ladrillos color naranja y marrón en la parte inferior. Un muro de medio metro daba la bienvenida, y resguardaba un jardín seco. Un camino de diferentes siluetas de piedra laja guiaba a los huéspedes hasta tres escalones que daban ascenso hacia una puerta marrón, de una densa madera, y varios tornillos algo oxidados que daban la impresión de que la puerta hubiese sido parte de la entrada en un castillo medieval. Sobre esta, y uniformemente una a cada lado, aparecían dos ventanales con rejas de madera marrón en similar tono. Todo el aspecto era desagradable a la vista ya que no se le había realizado ningún tipo de mantenimiento en años, y esto, a los visitantes esporádicos no se les escapaba. Sin embargo Clara confiaba en que podría darle un giro de ciento ochenta grados y convertirla en algo nuevo.  
Ellos habían escuchado rumores de una perturbadora historia ocurrida hacía años, pero nunca hubo detalles de lo que realmente paso. Como decía Sergio Un hombre de ciencias cree en lo que ve y puede probar por lo que habían decidido no hacer caso a historias paranormales y dejarse impresionar por la casa, sin la carga de su pasado. 
Clara usó la llave para destrabar la puerta de entrada, y a su novio para abrirla, ya que habían pasado varios meses desde que las bisagras de metal no trabajaban y colaboraban con la gran puerta a oponer resistencia. Ella no tuvo más que atravesarla para que le corriera por la nuca, bajando por toda su espalda, un escalofrío seco que la dejó paralizada unos segundos, sin poder más que apreciar la escena. Un gran living, poblado de muebles, la mayoría antiguos pero varios de tiempos contemporáneos. Solo desentonaba una estufa de material empotrada en una de las paredes, que tenía aún sobre sí varios portaretratos con fotos de la familia anterior. Esa imagen comenzó a perturbar a Clara. Sergio se apuró a abrir las persianas y el sol se dejó entrar por las sucias ventanas, dejando en evidencia el polvo acumulado sobre todo el ajuar. Ella dudó al avanzar, pero ante la mirada segura de su pareja, siguió con su emprendimiento. No se sentía segura y el escalofrío no la abandonaba. Mientras tanto él ya había avanzado hasta la cocina que también estaba en la planta baja. Ante su llamado ella apuró sus pasos y se le sumó, al tiempo que él terminaba de abrir una cortina verde más pesada que la propia ventana, dejando entrar allí también la luz natural. Recorrieron juntos el vacío espacio de esa habitación sin hacer comentarios; de repente la desagradable sensación comenzó a apoderarse también de Sergio, quién hacía un gran esfuerzo por no quedar en evidencia y se repetía para sí mismo su propia frase. Salieron al patio. Contra la pared del fondo pudieron ver una suma de baldes rotos, escobas usadas y palas quemadas, junto con un montículo de leñas. Una idea comenzó a inquietarlos a ambos, pero ninguno hizo el comentario. «¿Qué podría haber pasado para que una familia abandonara la casa sin llevarse sus recuerdos y, a su vez, que la inmobiliaria no quisiera ni pasar para ponerla en condiciones?».
Sus miradas se cruzaron, no es que no se hubieran buscado en esos minutos, pero de alguna manera el juego se había convertido en quién duraba más en no hacer palabras lo que estaban sintiendo hasta que finalmente él habló. Se enfrentaban a una decisión con dos opciones, abandonar la casa y olvidarse de ella, o subir la vieja escalera de madera y terminar de recorrerla.
 No voy a negar que se siente algo raro gorda, pero no sé si es como para preocuparse. Debe ser el efecto de lo que nos contaron, pero es una leyenda, como tantas.
Sí, lo tengo claro, pero una cosa es sentir algo un rato, y otra muy diferente es no poder sacarse la sensación de que tenemos a nuestras espaldas, como algo que no deja de seguirnos, o me vas a decir que vos no escuchaste el crujido constante de la casa entera.
Eso es el efecto del aire que dejamos entrar y la madera se deshincha de humedad, se contrae, y hace ese ruido.
Vos siempre con tus explicaciones racionales
¿Qué queres hacer? Yo hago lo que a vos te haga sentir mejor
No sé, la verdad no sé.
¿Subo yo y te cuento lo que veo? Mirá que una vez que le hagamos todas las reformas, la pintemos y la modernicemos esto va a ser otra cosa, proyectalo así, vos que tenes cabeza creativa le dijo con una sonrisa cómplice que la tranquilizó.
¿Me queres dejar acá sola? Estás loco, ¡no te vas a librar de mi tan fácil!
Como para no desentonar, y decepcionar la mística que estaban experimentando, la vieja escalera también era un concierto de crujidos que daba a la mente fugaces momentos de duda. Al escalar los catorce escalones se encontraron con un largo pasillo que aparecía con tres puertas, todas cerradas, dos a la izquierda, presuntamente los cuartos, y una al final, seguramente el baño.
Al dar sus primeros pasos en la segunda planta confirmaron que algo, o alguien, se movía con ellos. Sobre el techo, bajo el suelo y detrás de las paredes los crujidos se hacía sentir, era como si el sonido los siguiera. Una vez más el escalofrío se apoderó de la pareja, pero esta vez no dio tiempo a la imaginación a que jugara su rol, ya que algo se materializó frente a ellos. Vieron deslizarse por debajo de la primera puerta una hoja blanca, que luego había quedado trancada, con una de sus puntas moviéndose de arriba a abajo por acción (querían creer ellos) de la corriente de viento. El instinto primitivo se apoderó de Sergio y, dejando en claro con sus acciones quién era el macho alfa, apartó hacia atrás a Clara con una mano, y avanzó hacia la puerta, sintiendo como el crujido de la casa lo acompañaba, y se detenía con él. La abrió en un suspiro sin dar lugar a la duda y se encontró con un cuarto lleno de luz, con la persiana abierta de par en par, totalmente acondicionado como si un niño durmiera allí todas las noches. Una cama de una plaza, desaliñada pero con la ropa de cama intacta, limpia. A su lado una pequeña mesa de luz, con una pequeña lámpara de lectura apoyada sobre una montaña de tres libros. Una silla de metal, con un almohadón fino como apoyo, y varias prendas de ropa apoyadas en su respaldo. Un placard celeste, a dos hojas, haciendo tono con las paredes azules y dos cuadros con niños y frases de amor colgados en la cabecera de la cama complementaban la escena.  
Se agachó y levantó las hojas que seguían en el suelo. Las contempló unos segundos, paralizado, mientras Clara se acercaba temblando y lo agarraba de la mano, con intenciones de salir corriendo juntos. Tomaron la primera y la desdoblaron, en ella aparecían tres artículos de un diario.
    Locales - 3 de marzo de 2007
Misterio en barrio Focal
Gran conmoción vivió en la madrugada de hoy la ciudad, que lamenta la pérdida de la vida de un niño de tan solo 9 años. Sus padres lo encontraron sin vida en el piso de su cuarto, en medio de un charco de sangre. Presentaba mordidas varias  en todo su cuerpo de entre tres y cuatro centímetros. Según pudo saber la redacción, el niño había manifestado ver en noches anteriores un "monstruo de veinte ojos rojos" en su cuarto. Sus padres lo desestimaron por entender que se trataba de una pesadilla. Sin embargo tres días antes del fatal incidente el joven comenzó con síntomas de fiebre y fue llevado de inmediato a una consulta médica, donde se le diagnosticó fiebre por mordedura de rata. Lo extraño fue que no se encontraron las marcas hasta el día de hoy, cuando, tras haber pasado tres noches en agonía por la fiebre, su cuerpo fue hallado sin vida. El forense manifestó que el hecho lo dejó desconcertado ya que si bien las mordidas encontradas se condicen con las de una rata, estas son diferentes y pertenecerían a por lo menos una decena de esos especímenes. Estas incisiones fueron hechas de forma precisa en partes del cuerpo en las que la hemorragia se maximiza; cortes a lo largo de las venas de los antebrazos, así como venas subcutáneas de piernas y muslos. Cabe puntualizar que fue encontrado en el dormitorio de la pequeña víctima un diario personal, con la redacción de los acontecimientos de sus días en varios pasajes. Llama poderosamente la atención que las hojas de los últimos días fueron cortadas, encontrándose en los restos de la personal bitácora marcas de dentaduras y saliva animal.
Queremos expresar nuestras condolencias a la familia y compartimos su dolor. 

Locales - 21 de marzo de 2007   
Un misterio que crece 
A principios de mes informábamos acerca del fallecimiento de un niño por causas que incluso al día de hoy no se han establecido. En la noche de ayer lamentablemente su madre fue encontrada en iguales condiciones, tras cinco días de agónica fiebre. La muerte devino esta vez por una hemorragia a través de la incisión de la vena yugular externa. La mujer había manifestado tener idénticas visiones de algo que salía en la noche y la miraba con muchos ojos rojos, sintiéndose perseguida en toda su casa por el animal. Luego de que un equipo de exterminación de plagas revisara toda la casa, sin encontrar nada, la mujer comenzó con dolores abdominales y luego fiebre. Las marcas esta vez se encontraron además de en la zona que le causó la muerte, en hombros, pantorrillas y espalda hasta la base del cuello. Según supo el cronista, las marcas, incluso a primera vista, coinciden con la mayoría de las encontradas en el cuerpo de su hijo. Una vez más expresamos nuestras condolencias a la familia de las víctimas.

Locales - 23 de marzo de 2007 
El misterio llega a su fin
En la tarde de ayer fue encontrado en estado de shock el padre y esposo de las víctimas que informáramos en anteriores ediciones. Se trata de un niño y su madre, quienes fueron encontrados sin vida por causas similares pero aún desconocidas, y con dos semanas de diferencia. Las autoridades están confundidas y preocupadas. Luego de trasladar al conmocionado hombre a un instituto psiquiátrico han decidido allanar la morada de la familia en busca de pistas. El hombre fue encontrado por un vecino que lo escuchó gritar y lo descubrió desnudo en el medio del cuarto de su hijo gritando en dirección a uno de los rincones del techo. Repitió las mismas cinco palabras hasta que llegó el equipo médico y le administró los sedantes. "Fue el Rey de Ratas".
Lamentamos este trágico incidente y nos solidarizamos nuevamente con la familia

Para cuando la pareja terminó de leer las tres notas del diario local el estupor los había vencido y estaban sentados sobre sus rodillas, y Clara no dejaba de llorar. El crujir incesante de la casa no los abandonaba. Ambos estaban dispuestos a salir corriendo en ese instante pero necesitaban un tiempo para reponerse y entender lo que les estaba pasando. Ambos inhalaron y se miraron sin intercambiar palabras. Lentamente desdoblaron el segundo papel, una hoja doble faz con un artículo de investigación, y una foto anexada al mismo.
Al verlo, el llanto de Clara se hizo incontrolable y luchó contra su estado de nerviosismo, pero no pudo vencer. Sergio la abrazó. Estaban comenzando a entender. El ruido que esta vez provenía únicamente desde el techo se hizo más fuerte y lo cubría todo. El crujir de algo grande, inquieto, que cubría todo el techo y lo hacía incluso vibrar.  Sergio tomó el trozo de papel entre sus manos y comenzó a leer en voz alta.

«Si bien la comunidad científica lo considera un mito y lo atribuye a la acción humana, se han encontrado a lo largo de la historia varios ejemplos reales de lo que se denomina el Rey de Ratas. Muchos ejemplares se conservan hasta el día de hoy en renombrados museos como los de Hamburgo, Hameln y Stuttgart. Es un fenómeno que se cree legendario e implica el entrecruzamiento de la cola de varias ratas las cuales en su nido, y desde muy jóvenes, quedan unidas toda su vida por nudos que llegan a quebrar sus colas, quedando selladas con sangre, saliva, excremento y restos de basura. Habitan en las metrópolis urbanas donde los espacios son reducidos y según se cree es un instinto de supervivencia, donde cada miembro crece junto al otro pero funcionando sinérgicamente como un nuevo animal, más lento, pero mucho más inteligente. A su vez con esta forma que adoptan grupos de entre seis y treinta miembros, adquieren un poder dentro su comunidad y son considerados Reyes, siendo alimentados por sus pares dada la gran influencia que ejercen. Tiene sustento por evidencia encontrada en países como Holanda y Alemania, e incluso tan cercano en el tiempo como el año 2005, en Võrumaa, Estonia donde se encontró un Rey de Ratas de 16 individuos, de los cuales 9 estaban vivos.
Como todas las ratas son seres omnívoros, dieta en la que se incluyen alimentos y desperdicios así como insectos y carne de pequeños mamíferos, se destaca en el Rey la facilidad de adaptación a la alimentación que ofrezca el entorno. De hecho, al morir un integrante del Rey de Ratas este pasa a ser el nuevo alimento del resto de los miembros.
     
De repente no estaban solos en el piso de la habitación. Una peluda masa de muchas patas y varias cabezas, con ojos blancos inyectados de sangre los miraba desde la cama, mientras que en el techo el ruido se detenía, aunque no del todo, solo lo necesario para dar al momento el nivel de tensión exacta. Ese Rey no estaba solo, tenía refuerzos. Una rata en particular encabezaba el grupo, el Rey del Rey; con su cabeza pelada y chamuscada, y un ojo lastimado, era quién los miraba con mayor cólera, usando su único ojo desbordado en sangre. El animal no hizo nada, se quedó allí, contemplándolos como si fueran una nueva obra de arte colocada en la habitación. El primer reflejo de la pareja fue intentar moverse lentamente para salir del cuarto. El Rey avanzó y comenzó a hacer un ruido casi imperceptible, al menos para ellos, pero que dio la señal al resto, y nuevamente comenzó en el cielorraso una furia de estruendos, esta vez con agudos gritos acompañando. Eran muchos, eran demasiados. Unos instantes y todo volvió a la calma.
El Rey retrocedió, y para sorpresa de los huéspedes comenzó a bajar por la colcha de la cama, pero en sentido opuesto a ellos, y fue a parar, con mucha agilidad y sin perder contacto visual, directo bajo el placard. Unos segundos después se había esfumado de su vista. Suspiraron juntos y comenzaron a pararse lentamente; la calma seguía. Alcanzaron a estar totalmente erectos, apoyados en el marco de la puerta, ella secando sus lágrimas y él sin dejar de abrazarla. No entendían qué estaba pasando, pero sabían que no querían otra cosa más que huir de esa pesadilla. Comenzaron a retroceder lentamente sin dejar de mirar la habitación ya vacía, de espaldas al pasillo que los había conducido a la peripecia. No alcanzaron a poner un pie fuera cuando pudieron ver sobre la cama, donde hacía unos instantes había estado el peludo monstruo, varias hojas, pequeñas, de color amarillo. Se notaba muy bien que habían sido arrancadas de algún lado, tenían todo el borde izquierdo muy irregular, pero habían vuelto a ser unidas por la punta superior izquierda, formando un pequeño abanico.
¡Vámonos! gritó Clara, dándose media vuelta. No tenemos más nada que hacer acá, vámonos y hagamos de cuenta que esto nunca pasó. Nadie nos va a creer.
Era demasiado tarde. Sergio ya había comenzado a avanzar en dirección a la cama.
No Clara, no podemos. Ver para creer, como siempre dije. Lo estamos viendo, esto está pasando, no podemos irnos.
Por algún motivo que ella no comprendió, esas palabras fueron suficientes; comenzó a avanzar y a mirar cada rincón de la habitación, como esperando que en algún momento algo apareciera, sin embargo nada. Estaban en un silencio total y la luz lo llenaba todo. Clara y Sergio ya no sentían miedo, esa sensación de inseguridad había sido sustituida por una de paz, una paz que venía desde el interior de ellos. Se sentaron juntos sobre la cama y tomaron las hojas entre sus manos. Luego de leerlas, las guardaron en la mesa de luz y salieron de la habitación. Cerraron la puerta tras de sí y abandonaron la casa, cruzando la mirada con los curiosos vecinos que seguían pendientes, cortándoles toda posibilidad de contacto. Cerraron con llave y se fueron directo a la inmobiliaria. En el camino Clara le envió un mensaje de texto a Florencia.
«Florencia: Vams en kmino. La casa nos encantó ;-) y kremos hacer una oferta. Un bso»

11/2
«Hoy fue un día difícil. No hice los deberes y me pusieron en penitencia, no pude ver la tele ni jugar con la compu porque no me dejaron salir del cuarto. Igual hice un nuevo amigo, es como un el perrito que no me dejan tener pero mucho más chiquito y sin pelos, entra en mi mano. Le puse Charly».
16/2
«Ya no estoy en penitencia pero sigo jugando mucho con Charly. Me hace reír porque se mueve mucho y ya tiene pelo. Le doy pedacitos de la comida que me hace mamá y él come. También le llevo agua, pero sin que mamá se dé cuenta porque no me va a dejar quedarme con Charly».
19/2
«Mi amigo Charly creo que se enojó conmigo. Ya no me hace reír tanto y se pasa el día dando vueltas en el cuarto buscando algo pero no juega conmigo.».
20/2
«Estoy triste. Cuando volví del colegio Charly no estaba. Capaz que mamá lo encontró y se lo llevó. No le puedo preguntar a ella porque si no fue ella se va a enojar porque no le dije nada».
23/2
«¡Volvió Charly!».
24/2
«Charly está más grande, y no juega tanto conmigo. Se queda mucho tiempo al lado mío, yo le doy comida y el me mira jugar a la compu. Ya es aburrido, tengo ganas de llevarlo a la calle.».
25/2
«Hoy jugando con Charly hizo un ruido raro y me quiso morder la mano. Me hizo enojar. Lo puse en una caja y le tire unos cuetes fosforitos para que se asustara pero le quemé sin querer la cara y un ojo. Cuando lo solté para curarlo se me escapó y se fue abajo del placard».
25/2
«Creo que Charly se fue con su familia. Se escucha mucho ruido en el techo, son como muchos Charly jugando por todos lados. Creo que le voy a contar a mamá, me asusta».
26/2
«Ayer de noche un monstruo de veinte ojos rojos apareció en el techo. Cuando vino mamá ya no estaba, pero no fue un sueño como dice ella. Yo lo vi, muchos ojos rojos que brillaban y un ruido fuerte. En mi cuarto hay algo».
27/2
«Mis padres piensan que es una pesadilla pero de nuevo el monstruo salió. Esta vez bajó y se paró al lado de mi cama y no me dejaba bajarme. Yo le grite a mamá pero él se escapó de nuevo, por abajo del placard. Creo que es la mamá de Charly que está enojada por lo que le hice. Hace un ruido igual pero más fuerte porque tiene muchas más cabezas».
28/2
«No quiero dormir más en mi cuarto. Ayer el monstruo me despertó de noche, se subió a mi cama y me mordió la oreja. Yo grité pero mamá demoró en venir y me mordió de nuevo. Te odio Charly».
1/3
«Hoy vino el doctor. Le conté a mamá que el monstruo me había mordido pero no me creyó. Pero me vino fiebre y mamá se asustó. El doctor dice que es fiebre porque me mordió una rata. Mamá se puso a llorar. Es mi culpa, cuando me mejore la voy a invitar a tomar un helado».

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