El brujo huía por el bosque, corriendo tan rápido como podía, amenazado a cada paso por su túnica que le llegaba a los tobillos. Llevaba, aferrada con fuerza en su mano más hábil, una caja de madera que vigilaba celosamente, apartando los ojos de ella sólo para mirar el camino.Pero la noche lo teñía todo, y en un descuido el viejo tropezó y rodó por el piso. La caja también cayó al suelo, y al abrirse, dejó escapar cientos de pequeñas bolitas de colores que se esfumaron en el aire una a una.A poco estuvo de cruzar la frontera y rescatar los sonidos invisibles, sonidos jamás oídos, robados siglos atrás. Allí se desvanecieron, por ejemplo, el sonido del aletear de una mariposa, el del parpadear de dos ojos o el del nacimientode un arcoíris. También huyó el sonido de una flor que se abre, de una idea que germina o del tiempo que avanza.Pero, sabio como pocos, el brujo se las ingenió para salvar un sonido muy importante. Si hoy nuestro corazón nos golpea, y resuena en nuestro pecho susurrándonos que estamos vivos, se lo debemos a él.
El brujo huía por el bosque, corriendo tan rápido como podía, amenazado a cada paso por su túnica que le llegaba a los tobillos. Llevaba, aferrada con fuerza en su mano más hábil, una caja de madera que vigilaba celosamente, apartando los ojos de ella sólo para mirar el camino.Pero la noche lo teñía todo, y en un descuido el viejo tropezó y rodó por el piso. La caja también cayó al suelo, y al abrirse, dejó escapar cientos de pequeñas bolitas de colores que se esfumaron en el aire una a una.A poco estuvo de cruzar la frontera y rescatar los sonidos invisibles, sonidos jamás oídos, robados siglos atrás. Allí se desvanecieron, por ejemplo, el sonido del aletear de una mariposa, el del parpadear de dos ojos o el del nacimientode un arcoíris. También huyó el sonido de una flor que se abre, de una idea que germina o del tiempo que avanza.Pero, sabio como pocos, el brujo se las ingenió para salvar un sonido muy importante. Si hoy nuestro corazón nos golpea, y resuena en nuestro pecho susurrándonos que estamos vivos, se lo debemos a él.
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