El ascensor

Joaquín llegó al edificio y, como todas las mañanas el portero le dio los buenos días, acompañados de las noticias que él ya había escuchado en el auto, camino a la oficina.

«La puta madre, viejo pelotudo, no ve que vengo apurado. Todos los días lo mismo. Parece que hace de gusto che»

Unos minutos después ya se adentraba en el ascensor, dejando atrás al empleado. Presionó el botón «26», pero el ascensor comenzó a bajar. «Y sí, era obvio, parece joda» 

La puerta se abrió en el subsuelo de los garajes. «Opa, ¿vinimos a conseguir un aumento hoy?» Una joven de minifalda, tacos altos y medias negras de encaje sugestivo subió al ascensor. 

¿Piso? preguntó Joaquín. 
El veintinueve respondió la chica. 

«Si no para en planta baja de nuevo le digo algo, no me suena la cara, seguro que vino una vez y nunca mas la voy a ver. No, pero capaz me conoce y yo no le saqué la cara y quedo pegado».

Finalmente el ascensor sí se detuvo en planta baja y ambos cruzaron miradas. Ella le sonrió. «Sabe que si no hubieran cámaras ya me tenía arriba de ella, comiéndole ese cuello. Se salvó que alguien más va a subir» El portero puso la mano, trancó la puerta, y ayudó a subir a una señora mayor. Nuevamente un cruce de miradas. «Esta vieja creo que es la del siete, si nadie más sube, en el ocho le como la boca, total, ¿qué pierdo?, si no tengo compromisos»

¿Piso? —preguntó Joaquín, con una sonrisa amable
—Siete mijo—respondió la señora mayor.

«Yo sabía, bueno, ahora tengo que mirarla con cara de te mato cuando quedemos solos y si me mantiene la mirada es que ella también quiere».

Unos segundos después el ascensor paró en el piso siete y mientras la señora mayor bajaba, Joaquín miró instintivamente su parte trasera.«¡Nó! Le fiché el culo a la vieja, me quiero matar. Seguro la boluda esta me vio y ahora no me mira más» 

El ascensor se cerró y la chica le sonrió, demostrándole complicidad por la situación. Él le devolvió la sonrisa. «Mirala, seguro que piensa que se lo voy a fichar a ella también por el espejo, se puso contra la pared. Pero que gomas que tiene, ya está, si me mantiene la mirada me acerco». La chica de minifialda, que miraba el techo como despreocupada, sintió la mirada de él como un fuego que le marcaba la cara, y con aparente inocencia le devolvió la mirada.

«Mierda, no deja de mirarme y se ríe, seguro que debe estar pensando que soy un pelotudo. ¿Cuánto falta? Fa, piso quince. Seguro que si le digo algo me manda a cagar. Pero no, si me está comiendo con la mirada, lo de la viejo la debe haber calentado. ¿Y si tranco el ascensor y la agarró acá nomás, de parado? A la mierda las cámaras, seguro que ya lo debe haber hecho, ella me enseña a mí, sin dudas. ¡Más si! Yo le digo algo y si me manda a cagar, ella se lo pierde. Opa, piso veintiséis, y bue, la próxima será».

El ascensor paró en el piso veintiséis, Joaquín la miró una vez más y asintió con la cabeza, como improvisando un hasta luego, sin mover sus labios «Fa, que suerte morocha, te salvó la campana. La fiesta que se iba a hacer el portero mirando por la camarita». La chica le devolvió el gesto y le cortó el paso cuando él estaba por salir. Quedaron cara a cara, a milímetros uno de otro. Él la miró, se sonrió y como pudo dejó escapar un agudo, cortado, ahogado, casi imperceptible:

Disculpame, tengo novia.

1 comentario:

  1. Hace un ratito entontre tu blog de pura causalidad, estoy aburrida en la oficina pues veras todos mis compañeros estan de licencia, pero tu blog me salvo el dia :D sos un genio

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